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Glamorama
Noguera lelgó con cuello ortopédico al matinald e TVN para relatar el grave accidente a caballo que sufrió en febrero. IMAGEN TOMADA DE PANTALLA

El estremecedor relato de Héctor Noguera sobre el accidente que casi le cuesta la vida

Autor: C. Z. / 25 abril, 2016

En febrero de este año, Héctor Noguera estuvo al borde de la muerte. El actor sufrió un grave accidente en Cachagua. Se cayó de un caballo mientras cabalgaba con amigos. Fue tan delicado que debió ser trasladado inmediatamente en un helicóptero hasta la Clínica Alemana de Santiago, luego que sufriera una fractura en una de las vértebras del cuello.

Dos meses después, Noguera se pudo recuperar del grave accidente. Este lunes llegó hasta el Buenos Días a Todos, todavía con cuello ortopédico, para relatar cómo ocurrió todo. “Me lo dijeron después los médicos. ‘O sea, usted estuvo al borde ó de una hemiplejia severa o de la muerte’”, confesó Héctor. -MIRE EL VIDEO ACÁ-

“Me sentía muy angustiado”, añadió el actor tras la caída que sufrió. Mire el relato completo de Noguera en el matinal de TVN:

Héctor Noguera: “Estoy sin dolor, pero muy incómodo (el cuello ortopédico). Son en total tres meses. Y ya me queda poquito para cumplir los tres meses. Espero ya liberarme. Y hay que liberarse de a poco

“El 11 de febrero salí a pasear a caballo con tres amigos más. Uno de ellos es mi yerno, Marcelo Alonso, y dos amigos de Cachagua. Y salimos a caminar, sencillamente a andar a caballo, cosa que en realidad hago todos los veranos. Y esta vez, en una bajada, era una bajada peligrosa, pasaron ellos tranquilos con los caballos, y el mío al bajar, yo lo llevaba sujeto, se tropezó con las patas delanteras y se fue hacia adelante. Yo traté de sujetarlo, pero al sujetarlo sentí que perdí la montura y de ahí nos fuimos los dos para abajo”

“Se soltó la montura y ya no me pude sujetar. Caímos los dos y nos dimos la vuelta. No perdí la conciencia inmediatamente. Después, al rato, quedé un poquitito más atontado. Pero en el primer momento, no. Pero sí lo que realmente me preocupó fue que, cuando intenté levantarme, es que caímos los dos juntos, nos quedamos mirando con el caballo. Los dos en el suelo. Se levantó. Y yo, para que no me pisara, yo sé que los caballos nunca pisan a los jinetes, pero igual uno tiene la reacción de hacerse un lado, ahí me di cuenta que el cuerpo no me reaccionaba.

“Me di cuenta que no tenía cuerpo, que estaba inmóvil, el cuerpo no me reaccionaba. Lo que escuché fue el grito del Marcelo, que gritó un tremendo garabato, ‘¡¿qué pasó?!’, ‘¡No lo muevan, no lo muevan!’. Y ahí me dejaron y no sé. Yo escuchaba todo lo que pasaba, solamente que no me podía mover. Es un momento de mucha conciencia, como de una híper conciencia de algo nuevo que está pasando. Uno escucha, sabe lo que le está pasando a uno.

“Uno, en realidad, no alcanza a pasar terror, sino que vas como midiendo lo que va pasando. Dije ‘chuta, no me puedo mover’. Y ahí llegó Marcelo, que me comenzó a tocar. ‘¿Sientes aquí?, ¿aquí?, ¿aquí?’. ‘No, no siento en ningún lado’. Ahí sí que realmente me asusté. En muy poco rato llegó la ambulancia. Me llevaron. De la ambulancia me trajeron a la Clínica Alemana en helicóptero. Y ahí llegué.

“En el helicóptero venía consciente. A veces perdía un poco la conciencia. Por lo general estaba bastante consciente. Pero casi siempre preocupado de que si me respondía el cuerpo o no me respondía el cuerpo. Y de a poquitito me empecé a dar cuenta, en pequeña medida, que comenzaba a sentir las piernas, que fue lo primero que comencé a sentir. Y ahí ya me fue tranquilizando. Pero no me quebré nada, salvo la segunda vértebra cervical. Me quebré la segunda vértebra. Pero no duele.

“Me sentía muy angustiado. Una angustia que no sabía, pero no era por razones precisas, como que no voy a seguir actuando. Era una angustia como…No sé. Muy angustiado. Mucha sed. No me podían dar agua. Y lo que me angustiaba es que me amarraron, porque hay que inmovilizar el cuerpo. Esa sensación de estar inmovilizado. Son muchas cosas.

“Hubo un momento que me acuerdo que miré a mis amigos, y sentí una sensación bastante agradable. Sentí como que me iba, la verdad, pero no era con susto. Y de repente dije yo ‘no me voy a ir, voy a volver’. Fue como un acto de voluntad de volver. Y comencé a volver. Y ahí me acuerdo que le grité algo a uno de mis amigos. Tenía las manos aquí (cara) y decía ‘no em voy a morir, no me voy a morir. Tranquilo, no me voy a morir’”.

Karen Doggenweiler: “¿Sentías que te morías, Tito?”

Noguera: “No. Yo sentí que me iba. Yo sentí que me iba. Y decidí que iba a volver. Pero no hubo pánico en eso. No hay pánico, no hay miedo. Es algo distinto. No hay miedo. La verdad es que no. No es que yo sea específicamente valiente, pero es algo que le pasa a todo el mundo.

“Esto fue antes que llegara la ambulancia. Luego me llevó a Zapallar y ahí el helicóptero. Después me acordé de un poema de Bertoni, Claudio Bertoni, de una obra que yo hice y que se llama Rápido Antes de Llorar. Había un texto que decía ‘la muerte dura un ratito, pero no más’. Y ahí comprobé que la muerte podía durar un ratito. No era más que ese ratito. Ese ratito en que uno se va. O sea, pude haber seguido el viaje. Pero lo que pasa es que volví.

“Es que todavía (la vida) no me ha cambiado, porque estoy en un proceso de recuperación. Yo no sé si me va a cambiar una vez que esté recuperado. No sé si voy a poder ser exactamente el mismo de antes o no voy a ser el mismo de antes o en qué voy a haber cambiado. ¿Te das cuenta? Estoy en un periodo de transición, un periodo entre medio. Mientras tanto, el tema principal es que todavía sigo siendo yo mismo. ¿Te fijas? Pero ya empecé mis actividades. De hecho ya el próximo viernes empiezo con una obra, empiezo a actuar.

“Los médicos me dijeron: ‘Usted llegó con una cuenta a favor fuerte, porque otra persona de su edad no cuenta el mismo cuento. Incluso más joven que usted. (Mi cuerpo) reaccionó bien a la caída. Lo que pasa es que yo me imagino que un cuerpo, que está entrenado, tiene cierta flexibilidad. Es distinto cuando cae un cuerpo flexible que cuando cae un cuerpo rígido. Por eso que no me quebré nada. Me quebré una vértebra, pero no me quebré un brazo, una costilla, nada.

“Después lo dimensioné, cuando los médicos comenzaron a decirme ‘oiga, la sacó barata, don Héctor’.

“Realmente nunca pensé –quizás en ese momento que sentía que me iba– que me iba a morir. Eso no lo sentí. Me lo dijeron después los médicos. ‘O sea, usted estuvo al borde ó de una hemiplejia severa o de la muerte’. Pero nunca lo pensé realmente. Sentí que iba a salir de ahí. El susto era después, cuando uno comienza, cuando uno hace un rewind de la película, cuando empecé a ver la película de nuevo.

“Decidí volver no porque tuviera una razón única. Son muchas las cosas que se cruzan ahí, pero no pensé que era algo definitivo. Quizás cuando vi a uno de mis amigos, que lloraba cuando me vio, que se tapó la cara y las lágrimas se le salían por entre medio de los dedos para afuera. Ahí supe, tuve la sensación de que él creyó que estaba muerto. Y parece que ahí dije ‘no, si no estoy muerto’. Salí como para decirle ‘estoy acá’. Pero son razones muy precisas.

“La verdad es que si no está Marcelo ahí, no estaría aquí, porque el grito de Marcelo, ‘¡no lo muevan!’, fue muy fuerte. Los otros bajaron de los caballos para pararme. Y Marcelo fue quien los detuvo”.