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Glamorama
Cecilia Bolocco y su hijo Máximo saliendo de la clínica en noviembre de 2018 luego de que el niño de 15 años fuese operado. FOTO; AGENCIA UNO

“Me dijeron que mi niño podía perder la vista, no iba a crecer más, podía tener problemas hepáticos, al corazón….”: Cecilia Bolocco relata el tratamiento contra el cáncer cerebral de su hijo Máximo

Autor: Fran Varela / Cristián Farías / 9 abril, 2020

“Cuando me dieron el diagnóstico fue un momento muy complejo. Porque uno no está preparado para que se te acabe el mundo, la vida, la fe, la esperanza… Es como que te mueres.

“En esos momentos de desolación lloré con un llanto desconsolado. Era tarde, estaba oscuro, miraba ese cielo estrellado, pero me quedaba en el vacío entre estrella y estrella, sintiendo que me iba por un túnel, que me iba en desolación…”

Esta es parte del relato que Cecilia Bolocco compartió hoy a través de una videollamada desde su casa, donde pasa la cuarentena junto a su hijo Máximo, con Bienvenidos.

En el matinal de Canal 13 la ex Miss Universo contó en detalle los momentos más difíciles del tratamiento contra el cáncer cerebral que realizó su hijo luego de que, en noviembre de 2018, lo operaron para extirpar un tumor de tamaño importante.

Los estudios arrojaron un diagnóstico muy difícil y madre e hijo viajaron a Estados Unidos, ya que les informaron que en Chile no está disponible el tratamiento más adecuado.

Hace un año exacto el niño de 15 años comenzó un largo tratamiento con radio y quimioterapia y rehabilitación que culminó solo en noviembre pasado.

La animadora de 54 años afirmó que tras este complicado período se decidió aportar en el tema específico de la lucha contra el cáncer.

Por eso, junto a las autoridades de salud, la fundación Nuestros Hijos, Canal 13 y otras organizaciones,  inició una campaña para traer al país una máquina de protones similar a la que fue tratado Máximo en Estados Unidos, y que solo existe en contados centros del hemisferio norte -VER NOTA RELACIONADA-.

En tanto, este parte de su testimonio sobre al tratamiento de su hijo de 16 años que hoy está sano, no sufrió secuelas y debe controlarse peródicamente:

“El dolor y lo complejo no se me ha ido nunca del corazón, nunca. Sin lugar a duda… Perdón (se emociona).

“Y lloré, lloré mucho y me hizo muy bien, porque a partir de ese momento (cuando diagnosticaron a Máximo, tras los estudios posteriores a la cirugía) me di cuenta que tenía a mi niño, que yo tenía mucha fortaleza y que tenía que emplearla ahora más que nunca. Y que iba a luchar junto a él por sanarlo.

“También en ese proceso estar muy feliz, porque si era el último tiempo tenía que disfrutarlo.

“Esa es una decisión compleja de tomar, tal vez dura, pero es la que nos rescató. Y es la que le dio mucho sentido a este proceso (se emociona)… Yo creo que no lloraba o no me salía una lágrima desde hace mucho tiempo.

“Pero hoy cuando el mundo sufre, ojalá podamos mirarlo como yo tuve en ese momento esa capacidad de mirar ese camino que nos esperaba de tanto dolor. Porque en todo camino de la vida hay algo maravilloso que está siempre detrás y que uno tiene que ser capaz de recoger.

“Yo siempre le dije toda la verdad que yo sabía. Los médicos tampoco te dicen absolutamente todo, y si lo hacen puede ser muy desarticulado y muy dramático. Lo que yo hacía era recoger una información y entregársela de la manera más sencilla y menos dramática posible.

“En varios momentos él sí tuvo miedo, mucho miedo. Pero recuerdo cuando ya estábamos en Estados Unidos, por comenzar. Ya estábamos en medio del primer tratamiento de radioterapia, era todos los días, más de 30 sesiones.

“Cuando estábamos por terminar ese primer proceso, él empezó a sentirse muy angustiado por lo que venía, que eran las quimio. En el caso de él contemplaba una quimio hospitalizado, con trasplante de médula, era muy complejo.

“Me dijo ‘mamá, no me quiero hacer la quimio’, y yo le dije ‘mi amor, es que hay que hacerla. Hay que hacerla’. Y le explique de la mejor manera posible.

“Luego me dice ‘¡ya sé lo que voy a hacer mamá!’. Nosotros rezamos mucho, le rezamos mucho a la Virgen, porque ella como mamá por Dios que sufrió por su hijo.

“Hace un año, hoy, interné a Máximo por primera vez para iniciar sus quimios. Pero él me dijo ‘ya sé que lo que voy a hacer mamá, voy a rezarle a la Virgencita para que no me hagan quimioterapia’.

“Yo le dije ‘no Máximo, no le vas a rezar a la Virgencita. Tú a partir de ahora le vas a dar gracias a Dios y la Virgen porque estás sano’. Y se quedó así como impactado.

“’¿Tú me escuchas?’. ‘Sí’.

“‘¿Tú me ves?’, ‘Sí’.

“‘¿Tú puedes caminar?’. ‘Sí’.

“‘¿Tú puedes saltar, correr? ¿Te duele algo?’. ‘No’.

“‘¡Estás sano! Estás sano, hijo mío, estás sano. Te operaron, te sacaron ese tumor, tú estás sano. Tú ahora tienes que dar gracias a Dios y dar gracias infinitas porque estás sano’.

“Empezó a gritar de emoción, a llorar, yo también, y nunca más pensamos en que él estaba enfermo. Es así y él está sano. Entonces yo creo que siempre hay que ahondar con mucha fe, con mucha esperanza y decretando lo que uno de verdad quiere.

“A mi me dijeron que mi niño probablemente podía perder la vista, la visión, no iba a crecer más, podía tener problemas hepáticos, problemas al corazón, que iba a tener montones de problemas.

“Mi hijo creció casi nueve centímetros, mide 1.80, tiene una visión perfecta, audición perfecta. Mi hijo no tiene ni una secuela” -la animadora cuenta esto para dar a conocer los beneficios de la máquina que busca traer a Chile- ” –AQUI EL VIDEO-.