Glamorama
Denise Rosenthal y Camilo Zicavo en una foto de archivo tomada de la web.

Denise Rosenthal debió huir del departamento con su pololo, gatos y perro: «Casi nos morimos porque de verdad fue súper peligroso…»

Autor: Fran Varela / 12 agosto, 2020

«Ahí figuraba el Cami saliendo con los gatos. Era Titanic», cuenta Denise Rosenthal sobre la peligrosa situación que le tocó vivir junto a su pololo, Camilo Zicavo, sus gatos y perro en el departamento que estaban habitando en Santiago hasta hace unos días.

La cantante de 29 años se comunicó con el espacio CHVenCasa, que se transmite por redes sociales, donde se refirió a temas de su cuarentena, carrera y asuntos personales.

Rosenthal también relató el serio problema hogareño que pasó:

“Hace un tiempo me había devuelto a la capital y estaba viviendo allá por cosas prácticas y laborales. Y hace no más de una semana y media se nos inundó el departamento así mal.

“Nos levantamos un día como a las 7 de la mañana y corría y corría el agua de los conductos eléctricos. Casi nos morimos porque de verdad fue súper peligroso. Todo el circuito eléctrico no estaba tan bien armado, entonces nos pudo haber dado la corriente. Ahí figuraba el Cami saliendo con los gatos. Era Titanic.

“Lo que pasó fue que la casa de arriba estaba deshabilitada hace más de un año y medio y la filtración de la humedad y del agua, esta cuestión venía hace años. Las murallas del departamento estaban llenas de hongos y la situación ya se veía mal.

“Hace rato que estábamos llamando a los dueños de arriba, ‘pucha, por favor’, y no se dio, hasta que ¡pum! Más encima el medidor es muy antiguo, entonces ellos cuando deshabilitaron la casa no lo cerraron, el agua quedó dada y llegó un momento en el que ya las cañerías se rompieron.

“Fue muy traumático, yo lo subí a las redes sociales, lo primero que hice fue grabar, un claro reflejo de nuestra sociedad. Necesitaba tener un registro para después ver si el seguro o alguien se hace cargo, porque nunca había vivido una cuestión así. El agua chorreaba y chorreaba y más encima se caía de los conductos eléctricos. No había forma ni manera de… No sé, sobrevivir (ríe).

“Te voy a contar toda la historia. Pasó que estábamos nosotros descansando tranquilamente en nuestra humilde morada, con todos nuestros gatos, tenemos cuatro gatos y un perro y nos turnamos. En esa ocasión le tocaba a la Titi y al Marilin, como a las 6 de la mañana que empezaron a molestar, nos despertaron. ‘Cami, por favor, los bichos’. El Cami siempre a esa hora los agarra y se los lleva para adelante para que dejen de webiar.

“Así que yo estaba durmiendo, el Cami se levanta, va a dejar a los gatos y vuelve ‘¡no, Denise, está la cagá!’. Se empieza a vestir, yo durmiendo, estaba raja. ‘¡¿Qué pasa?!’. Pensé que le había pasado algo a los otros gatos que estaban allá.

«‘¡¿Qué pasa?!’. ‘¡Es que está la cagá, levántate, ponte los zapatos!’. Y yo digo ‘chucha la weá, ¡¿qué pasó?!’. ‘¡Nos estamos inundando!’.

“Voy para adentro y veo al Cami, una situación que de verdad me enamora, porque Camilo es bastante alto. Entonces era una persona muy alta agarrando un gato, al otro gato, su parka, caminando entremedio del agua y me decía ‘¡nos vamos a tener que ir de acá, Denise!’.

“Al principio fue ‘hay que salvar los gatos’, porque estaban los dos gatos ahí entremedio del agua, pobrecitos. Después pasó el tiempo, llamamos, constatamos las lesiones del hogar, llamamos a la vecina, a la empresa del agua básicamente para que vinieran a cerrar el agua. Se demoraron como cinco horas, así que no hayamos otra mejor que el Camilo se subió al techo y tuvo que pasar a la mala a la casa de arriba para cerrar el agua. Y así dejó de caer el agua, pero después de como de una hora.

“Lo brígido fue que estábamos afuera, estresados, el Cami súper triste y angustiado, decía ‘pucha, ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo vamos a pagar toda esta cuestión?’. No sabíamos que teníamos el seguro todavía. Quedó la cagá, el piso, imagínate, si está de verdad la embarrada.

“Y estábamos descansando, pensando ‘pucha, ¿qué vamos a hacer?’, de repente llegó un Uber y nos dice ‘la casa tanto’. ‘No’. Ya, pasó. Y después nos dijo ‘la vecina no estaba, mandaron esto de regalo, no lo tengo que devolver y yo no me lo voy a comer, ¿lo quieren?’. ‘Ya poh’, le dijimos. Así que nos quedamos con un pedido.

“No hay mal que por bien no venga, ahora le veo así, con el relajo, la tranquilidad y el privilegio de poder estar acá. Así que nada, supimos accionar rápido, salir adelante y estar acá, volver a mi casa. Acá me siento cómoda, me siento feliz y conectado con la naturaleza, que es súper importante para mí”.