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Melina Noto en una foto que compartió en su Instagram @melinoto en abril de este año.

«Tuve trastornos alimenticios toda la vida… Por falta de autoestima, problemas personales, familiares», contó Melina Noto, modelo, rostro de Vía X y polola de Pangal Andrade

Autor: Equipo Glamorama / 6 junio, 2021

«Yo tuve trastornos alimenticios toda la vida. Tuve bulimia y anorexia por falta de autoestima, problemas personales, problemas familiares, de los cuales uno se refugia», contó Melina Noto, a mediados de mayo, en una entrevista en Dosis Diaria, espacio que Jordi Castell emite en vivo por Instagram.

La modelo argentina que reside en Chile, es rostro del canal Vía Ex Esports y pololea con Pangal Andrade se refirió a su desarrollo profesional y temas más personales.

Este fue el testimonio de la joven de 24 años sobre los trastornos alimenticios que sufrió:

“Tenía nueve años y contaba la cantidad de veces que nadaba en la pileta de mi casa después de comer. Nueve años. Cómo la cabeza se transforma siendo tan chica y siendo que no lo ves. En mí no lo vieron hasta los catorce años.

“Caminaba, me gustaba hacer mucho deporte, pero no hacía deporte por gusto, hacía deporte porque contabilizaba el tiempo que gastaba en quemar las calorías que había consumido.

“A nivel de que, para darte de una idea, yo peso 62 kilos y llegué a pesar 50, llegué a tener diez kilos menos de lo que tengo ahora. Es algo con lo que uno lidia toda su vida. Hoy en día puedo hacer deporte por placer, pero uno lidia toda su vida.

“Lo que me hizo click es que mis papás me obligaron a ir al sicólogo, me obligaron a empezar terapia. No las seguí la verdad, pero simplemente el ir un par de veces y el poder hablar, poder expresar lo que me estaba pasando, alivió un montón.

“También fue un click en mí un día que salgo de una competencia de baile del colegio. Me había quedado a dormir en la casa de una amiga, a mi amiga le digo que había cenado en la casa de mi mamá y no había cenado.

“A la mañana no desayuné. El colegio en Argentina empieza muy temprano, entonces no desayuné, digo ‘comemos algo en el colegio’. No como algo en el colegio. No como algo hasta las cinco de la tarde, que termina la competencia de baile. O sea, no había comido en 24 horas.

“Salgo de ahí, enferma, digo voy a caminar a mi casa para quemar lo que pensaba que había consumido y me desmayé en la calle. Tenía 16 años. Me desmayé en la calle, me quedé tirada unos diez minutos y cuando me levanto me doy cuenta que por mí cabeza y por lo que yo creía que estaba bien, estaba sufriendo.

“Estaba sufriendo mi cuerpo, mis papás me tenían que retirar del colegio porque no podía quedarme toda la jornada, me cansaba, dormía todo el tiempo. La cabeza te traiciona.

“La mejor recomendación que le puedes dar a alguien así es que se dé cuenta que no está bien y que lo que está diciendo está mal. Un ejercicio muy bueno es que tú con tus manos digas cuánto crees que mide tu cadera, te van a hacer pararte ahí y te vas a dar cuenta que te sobra como este espacio, que tus caderas son así.

“Ahí la gente empieza a dimensionar que está dimensionando mal su cuerpo, porque al final uno cree que tiene un cuerpo que no tiene. Uno termina viéndose al espejo y se ve un rollo que no tiene, se ve muchas cosas que no tiene. Hay que normalizar ir a terapia, hay que normalizar ir al sicólogo. Todos deberíamos ir al sicólogo.

“Hoy día no se me pasa por la cabeza hacer las dietas que yo hacía de chica, las locuras, uno se metía en esas páginas que te llenaban la cabeza de cosas terribles. Eso es lo primero que hay que prohibir en los niños”.