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Glamorama
Daniel "Huevo" Fuenzalida en una imagen tomada de la pantalla de Sigamos de Largo, Canal 13, en octubre de 2020.

«Tengo un amigo de infancia, hijo de detenido desaparecido… Mi primer emprendimiento fue venderle a (su) centro cultural neumáticos para que hicieran barricadas», relata Daniel «Huevo» Fuenzalida

Autor: Equipo Glamorama / 21 julio, 2021

“Un domingo en la noche estábamos jugando a la pelota con el guatón Lalo y siento a su mamá que dice ‘¡Lalo!’. Vamos corriendo a la casa, yo siempre colado, era como mi casa, ‘¡Lalo, déntrate!’. Y resulta que lo llamaban para que viera las noticias, porque era la noticia del atentado de Pinochet el año ’86”.

Este fue uno de los recuerdos que Daniel «Huevo» Fuenzalida hizo en Me Late Primer sobre su amigo de infancia al que solo identificó como Eduardo, el «guatón Lalon».

El animador y productor del programa de farándula en TV+ compartió sus memorias mientras en el panel hablaban del Día de la Amistad.

Esta es una selección de las palabras de Fuenzalida:

“Las amistades de infancia son maravillosas. Tengo un amigo de infancia, ahora no nos vemos nunca, pero tú sabes que está ese amigo siempre.

“Imagínate que él nació en abril, yo en mayo, nuestras mamás estaban embarazadas al mismo tiempo. Así que le mando un saludo a mi gran amigo Eduardo. Nosotros éramos iguales a los cabros chicos de (la serie) Los 80. Lo mismo. Uno era más gordito que el otro. Además que él era hijo único, lo pasábamos muy bien, yo me quedaba en su casa, después hacíamos la cimarra juntos.

“La serie Los 80 yo la viví tal cual, porque el Lalo es hijo de detenido desaparecido, entonces yo lo acompañaba a la Vicaría (la Vicaría de la Solidaridad  fue un organismo de la Iglesia Católica que prestó asistencia a las víctimas de la dictadura).

«Lo acompañaba a las protestas. Al lado de la Catedral estaba la Vicaría, yo chico, no entendía lo que era que su papá haya desaparecido. Yo me quedaba afuera y él tenía reuniones parece, era todo muy oculto.

“Viví todo ese proceso ochentero donde corríamos detrás de los pacos, lo acompañaba a las protestas, tenía doce o trece años. Después él fundó un centro cultural, el Centro Cultural San Eugenio, y a mí me encantaba ir a las peñas.

“Mi primer emprendimiento fue venderle al centro cultural neumáticos para que hicieran barricadas. Yo llegaba a la vulcanización y como tenía esa pinta, medio rubio, ojitos de piscina, decía ‘amigo, me da un neumático que quiero saltar con la bicicleta’. Me daban los neumáticos, los de camiones me pagaban mejor, iba al centro cultural y les vendía para las barricadas.

“Un día llego a dejar los neumáticos y me dicen ‘¿te quieres quedar trabajando?’, y yo siempre por platita, ‘sí, obvio’. ‘Dobla esos clavos’. Y no entendía nada poh. Y era doblar clavos y haciendo miguelitos.

“Un domingo en la noche estábamos jugando con el guatón Lalo a la pelota y siento a su mamá que dice ‘¡Lalo!’. Vamos corriendo a la casa, yo siempre colado, era como mi casa, ‘¡Lalo, déntrate!’. Y resulta que lo llamaban para que viera las noticias, porque era la noticia del atentado de Pinochet el año ’86”.