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Glamorama
Margot Kahl y Coco Legrand animaron la primera temporada de Por Fin es Lunes, en Canal 13 en 2002. Foto del Archivo Histórico / Cedoc Copesa.

Margot Kahl a 20 años de lo que vivió en Canal 13: «El dolor más grande mío, si es que tuve alguno, fue tratar de entender lo que los seres humanos eran capaces de hacer con otro…»

Autor: Equipo Glamorama / 11 septiembre, 2022

«Imagínate que mi reunión de bienvenida fue para decirme que no me querían ahí», cuenta Margot Kahl sobre lo que vivió durante el año que estuvo en Canal 13.

En 2002 la conductora no renovó contrato con TVN, tras nueve años en Buenos Días a Todos, y firmó con el 13.

Entonces se dio una campaña de desprestigio de grandes proporciones surgida al interior de la misma señal -incluidos otros rostros- y de la cual se hicieron eco los medios de comunicación. En 2003 decidió terminar su contrato por anticipado.

Ahora la animadora de 61 años regresa al canal público. Debuta el próximo 3 de octubre con el programa de análisis de la actualidad Hoy Se Habla, que irá a las 15 horas.

En una entrevista publicada este domingo por El Mercurio, Kahl manifiesta lo siguiente sobre su regreso a TVN y lo que vivió en Canal 13 en 2002, cuando realizó dos temporadas del estelar Por Fin es Lunes, la primera junto a Coco Legrand y la segunda con Antonio Vodanovic:

«Para mí son fundamentales el ambiente laboral y el trabajo en equipo, y en estos primeros días en TVN he sentido todo eso y una muy buena energía»

«Si el canal me llamó es porque tiene claro cómo soy. No me voy a poner a bailar arriba de las mesas para subir el rating. Me encanta bailar, pero en un matrimonio. También me gusta ducharme, pero no no lo voy a hacer frente a la televisión»

«Llegué allá (a Canal 13, en 2002) pensando que iba a ser exactamente igual a lo que había vivido en TVN, que se haría un trabajo en equipo, pero no fue así. Imagínate que mi reunión de bienvenida fue para decirme que no me querían ahí».

«No tengo la certeza, pero creo que me contrataron sin que los equipos supieran y que se pueden haber sentido sobrepasados. Pero es un tema de gestión interna que no fue mi responsabilidad».

«El dolor más grande mío, si es que tuve alguno, fue tratar de entender lo que los seres humanos eran capaces de hacer con otro. Hasta entonces, siempre había estado rodeada de equipos contenedores con los que podría tener confianza, sabía que había lealtad y que si alguien quería decirte algo, te lo iba a decir en la cara».

«A ellos les llamaba la atención, por ejemplo, que yo llegara a las 8.30 de la mañana y me explicaban que los conductores iban a las últimas reuniones de trabajo y recibían las tarjetas. Eso yo no lo podía entender».